¿A qué edad debe visitar mi hijo al ortodoncista por primera vez?
- Equipo de Martha Santa Ortodoncia y Ortopedia Maxilar

- 11 dic 2025
- 2 Min. de lectura
Una pregunta muy común en consulta es: “¿Debo esperar a que mi hijo cambie todos los dientes de leche para llevarlo al ortodoncista?”
La realidad es que no es necesario esperar. La Asociación Americana de Ortodoncia recomienda realizar la primera evaluación a los 7 años de edad. Esta visita temprana permite identificar oportunidades de tratamiento que, si se atienden a tiempo, pueden evitar problemas mayores en el futuro.
¿Por qué a los 7 años?
A los 7 años, los niños se encuentran en una etapa llamada dentición mixta, en la que conviven dientes de leche y permanentes. Esta combinación nos ofrece una ventana diagnóstica muy valiosa. No solo observamos la posición de los dientes, sino también el estado y la dirección del crecimiento de los huesos maxilares, un factor determinante para el desarrollo facial y la función masticatoria.
Con esta información es posible detectar alteraciones que, abordadas de manera temprana, pueden resolverse de forma más sencilla y con mejores resultados.
Ortodoncia vs. Ortopedia Maxilar
Aunque a menudo se mencionan como si fueran lo mismo, la Ortodoncia y la Ortopedia Maxilar tienen enfoques diferentes y complementarios.
Ortodoncia:
Su objetivo principal es alinear los dientes y mejorar la mordida. Generalmente se inicia durante la adolescencia, cuando ya han erupcionado la mayoría de los dientes permanentes.
Ortopedia Maxilar:
Aprovecha el potencial natural de crecimiento del niño para corregir problemas en los huesos maxilares. Cuando detectamos a tiempo situaciones como un paladar estrecho o un crecimiento mandibular insuficiente, podemos intervenir con aparatos sencillos que guían el desarrollo óseo hacia una posición más armónica.
En otras palabras, mientras la ortodoncia acomoda dientes, la ortopedia ayuda a que los huesos crezcan donde deben crecer.
Beneficios de una evaluación temprana
Una revisión a los 7 años puede traer grandes ventajas:
Evita extracciones innecesarias:
Al corregir a tiempo problemas de espacio, los dientes permanentes encuentran un camino adecuado para erupcionar.
Corrige hábitos perjudiciales:
Acciones como chuparse el dedo, empujar los dientes con la lengua o respirar por la boca pueden afectar la forma de las arcadas y la mordida. Identificarlos temprano permite intervenir antes de que generen alteraciones mayores.
Favorece un desarrollo facial equilibrado:
Una estructura ósea bien guiada contribuye a una mordida funcional y, además, a un perfil facial más armónico, lo que se refleja positivamente en la autoestima del niño.
Conclusión
No es necesario esperar a que todos los dientes permanentes aparezcan. Una visita temprana al ortodoncista —idealmente alrededor de los 7 años— es una inversión valiosa en la salud futura de tu hijo. Detectar y tratar a tiempo facilita intervenciones menos complejas, reduce riesgos y favorece un crecimiento facial saludable que acompañará al niño durante toda su vida.





Comentarios